El caballo es muy sensible a los ruidos, eso se debe a que sus pabellones auditivos son móviles y pueden orientarse en todas las direcciones sin necesidad de mover la cabeza. La orientación del pabellón auricular le permite localizar el origen del sonido, pero la posición de sus orejas también indica cuál es su estado de ánimo.
Así, el caballo que dirige sus orejas hacia el punto en el que su vista no alcanza por tener un ángulo muerto de visión (detrás) está indicando su desconfianza respecto a lo que ocurre en ese punto (ciego para él). En el caso de que ambas orejas estén dirigidas hacia atrás, incluso aunque no se haya producido ningún ruido en particular, ello indicará que el caballo está inquieto y no se fía. Si a demás, éstas están aplanadas del todo, el caballo manifiesta una reacción de agresión inminente o bien que él animal está tratando de intimidar a alguien que se esté aproximando: ya sea hombre o caballo. En estos casos, el équido puede llegar a morder, botarse, etc. Aunque también puede tratarse de una tentativa de intimidación por su parte con la que probar la firmeza de quién él considera su adversario.